Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1927 — Julius Wagner-Jauregg
Lo que aprenderá al leer este artículo
Comprenderá el motivo por el cual la psiquiatría recibió su primer Premio Nobel, así como la forma en que se evalúa hoy en día la historia de inyectar deliberadamente malaria para salvar a pacientes cuyo cerebro había sido destruido por la sífilis.
Tratar una enfermedad con otra
La historia del Nobel de Wagner-Jauregg nos resulta extrema desde la perspectiva actual. Él procedió de la siguiente manera:
- Pacientes: Personas que, tras contraer sífilis y no recibir tratamiento, habían desarrollado parálisis general (general paresis) —estado en el que la bacteria de la sífilis invade el cerebro—. Pronóstico: muerte en cuestión de meses.
- Tratamiento: Inyección deliberada de parásitos de la malaria en estos pacientes.
- Mecanismo: La hipótesis de que la fiebre extrema y recurrente (superior a 40 °C) provocada por la malaria eliminaba la bacteria de la sífilis.
- Resultado: Recuperación de las funciones mentales en muchos pacientes y una prolongación de la vida de varios años.
Este fue el primer Premio Nobel de Fisiología o Medicina otorgado a la psiquiatría. Y hoy, en una época en la que tratamos la sífilis con penicilina en pocos días, resulta difícil dimensionar lo extrema que era esta historia.
Tratar una enfermedad con otra: ¿qué expresión de la urgencia de aquella época fue esto?
El panorama de la época — La era de la sífilis, antes de la penicilina
En 1927, el mundo vivía en los últimos años de una sociedad devastada por la sífilis. La sífilis, propagada a Europa tras los viajes de Colón a finales del siglo XV, atormentó a la humanidad durante 400 años. La sífilis terciaria (neurosífilis) destruye lentamente el cerebro entre 10 y 30 años después de la infección, provocando cambios de personalidad, deterioro del juicio, delirios, parálisis y la muerte.
El número de personas afectadas por esta enfermedad era extremadamente alto. Existen estadísticas que indican que entre el 20 % y el 30 % de los pacientes internados en hospitales psiquiátricos europeos presentaban parálisis general. Se cree que la sífilis estuvo presente en las muertes repentinas y el colapso mental de figuras famosas como Nietzsche, Schumann, Manet y Schubert.
En este contexto, la parálisis general se consideraba intrínsecamente incurable. Aunque el salvarsán (1910, Ehrlich) era efectivo en las etapas tempranas de la sífilis, no lograba alcanzar la bacteria una vez que esta había penetrado en el cerebro.
Si ampliamos el contexto histórico, 1927 corresponde a los últimos años de los "locos años 20":
- Primer vuelo en solitario de Lindbergh sobre el Atlántico (mayo) — La era del heroísmo popular.
- Apogeo de la era del jazz — Estreno de la primera película sonora, «El cantor de jazz» (octubre).
- Expulsión de Trotski de la Unión Soviética — Fortalecimiento de la dictadura de Stalin.
- Crisis financiera japonesa (marzo) — El preludio de la Gran Depresión mundial dos años después.
Al observar la historia de Corea, 1927 fue el año de la fundación de la Shinhanhoe. Como organización de movimiento nacional de colaboración entre izquierda y derecha, desempeñó un papel importante en la historia moderna de Corea durante los cuatro años siguientes. Mientras en Europa la psiquiatría recibía su primer Premio Nobel, en Corea los intelectuales buscaban formas de colaborar más allá de las divisiones ideológicas.
Narrativa del personaje — Entre la psiquiatría y las enfermedades infecciosas
Wagner-Jaureged nació en 1857 en Wels, Austria. Tras estudiar medicina en la Universidad de Viena, se dedicó inicialmente a la investigación en patología y fisiología, para luego cambiar su enfoque hacia la psiquiatría. Este trasfondo determinó su enfoque: era alguien que veía la psiquiatría desde la perspectiva de la patología cerebral.
A finales del siglo XIX, la psiquiatría era un gran escenario de debate. Mientras Freud intentaba comprender las enfermedades mentales a través del inconsciente y el psicoanálisis, Wagner-Jauregg se encontraba en el extremo opuesto: todas las enfermedades mentales provienen de una patología biológica del cerebro. Ambos ejercieron en la misma ciudad, Viena, pero avanzaron en direcciones muy diferentes.
La observación decisiva de Wagner-Jauregg ocurrió a finales de la década de 1880 en un hospital psiquiátrico. Observó que los síntomas de pacientes psiquiátricos con fiebre alta debido a otras infecciones mejoraban temporalmente. Hubo casos de pacientes psiquiátricos que, tras recuperarse de enfermedades como el tifus exantemático, la erisipela o la tuberculosis, presentaban una mejoría en su estado mental.
Esta observación ya había sido realizada por varios médicos anteriormente. Sin embargo, Wagner-Jauregg comenzó a realizar experimentos para desarrollar dicha observación en un método terapéutico intencional. Inicialmente, inyectó cultivos de bacilos de la tuberculosis en pacientes con sífilis para inducir fiebre, pero los resultados no fueron buenos.
En 1917, probó con el protozoo de la malaria. La malaria tenía la ventaja decisiva de causar fiebres extremas, cíclicas y reproducibles, y además podía finalizarse con quinina. Es decir, podía mantener la fiebre tanto como se deseara y detenerla en el momento deseado.
Los primeros resultados fueron sorprendentes: seis de los nueve pacientes con parálisis general recuperaron sus funciones mentales. En una enfermedad que hasta entonces tenía una tasa de mortalidad del 100 %, esta tasa de éxito fue revolucionaria.
Logro central — La idea de tratar una enfermedad con otra
Piroterapia: terapia por fiebre
Lo que Wagner-Jauregg estableció es el enfoque que hoy llamamos piroterapia (pyrotherapy), o terapia por fiebre. El principio es simple:
- Inyectar al paciente una infección controlable (malaria)
- Provocar repetidamente fiebre extrema de 40~41°C debido a esa infección
- El calor elimina la bacteria de la sífilis (la cual es sensible al calor)
- Finalizar la malaria con quinina
Este protocolo se adoptó en hospitales psiquiátricos de toda Europa. La tasa de mortalidad por parálisis general disminuyó drásticamente, convirtiéndose en el único tratamiento definitivamente efectivo en la psiquiatría de principios del siglo XX.
La analogía con la informática encaja aquí de forma natural. Es similar a inyectar un proceso de intrusión controlada en un sistema dañado para forzar un reinicio. Cuando el sistema se detiene y está al borde de la muerte, la única forma de salvarlo es sacudir por completo el sistema en funcionamiento para forzar un shock reset. Ese shock en sí mismo es peligroso para un usuario normal, pero para un paciente que ya está muriendo, era la última esperanza.
Sin embargo, esta analogía se rompe en este punto. El reinicio de un software es rápido y sus resultados son claros, mientras que la piroterapia ponía al propio paciente en grave riesgo de muerte. En las estadísticas iniciales, la mortalidad debida a la propia piroterapia alcanzaba el 15%. Era una apuesta extrema de "curarse o morir".
Evidencia de los resultados
El éxito de Wagner-Jauregg se respaldó con estadísticas. Entre los pacientes con parálisis progresiva que recibieron piroterapia en su clínica, entre el 30% y el 50% mostraron una recuperación significativa de las funciones mentales y vivieron desde unos pocos años hasta más de una década adicionales. Teniendo en cuenta que, hasta entonces, esta enfermedad tenía una tasa de mortalidad total, este fue el primer tratamiento verdaderamente real en psiquiatría.
Estos resultados permitieron que la psiquiatría fuera reconocida como una disciplina académica. Hasta entonces, la psiquiatría era una ciencia de observación y clasificación, sin tratamientos eficaces. La piroterapia demostró que la psiquiatría era un campo capaz de proporcionar tratamientos eficaces, al igual que otras áreas de la medicina. El Premio Nobel fue ese reconocimiento.
Después de la penicilina
Sin embargo, la era de este tratamiento fue muy breve. Con la producción en masa de la penicilina en 1943, la sífilis se convirtió en una enfermedad que podía tratarse de forma segura en cuestión de días. La piroterapia fue abandonada rápidamente. Hoy en día, este tratamiento solo aparece en los libros de texto de historia de la medicina.
Legado controvertido
La vida de Wagner-Jauregg tuvo un lado oscuro. Era un antisemita acérrimo y apoyó las teorías raciales nazis en la década de 1930. Aunque no pudo unirse formalmente al Partido Nazi por razones formales (debido a que el partido estaba prohibido en Austria en aquel momento), sin duda se identificó con su ideología. Sus memorias y cartas revelan claramente esta postura ideológica.
Este hecho plantea una difícil pregunta sobre cómo debemos valorar su legado del Premio Nobel hoy. Sus logros científicos salvaron realmente a muchos pacientes. Sin embargo, la ideología que defendió causó daños extremos a científicos y pacientes judíos durante la era nazi.
Ya vimos en el caso de Alexis Carrel (premiado en 1912) que los logros científicos y el juicio moral son independientes. Wagner-Jauregg es otro ejemplo de ese difícil contraste. Debemos reconocer las vidas que salvaron sus descubrimientos, sin olvidar las muertes causadas por su ideología.
Si lo analizamos con una analogía de la informática, esto es similar al problema de que la licencia de código abierto y las opiniones sociales del autor son cuestiones independientes. La persona que creó una biblioteca útil puede tener opiniones muy diferentes a las nuestras. Al decidir si seguimos utilizando esa biblioteca, debemos considerar tanto la utilidad del código como el impacto social del autor.
¿Por qué es importante?
El premio Nobel de Wagner-Jauregg fue el primer evento que reconoció a la psiquiatría como un campo capaz de ofrecer tratamientos eficaces. Este reconocimiento condujo posteriormente a la mejora del estatus académico de la psiquiatría y a la expansión de la inversión en investigación. Hoy en día existen diversos tratamientos psiquiátricos, como antidepresivos, antipsicóticos y terapias para el trastorno bipolar, pero el primer paso fue la pireterapia.
Su significado más profundo es la demostración del principio de "tener el valor de intentar soluciones inesperadas en situaciones extremas". La idea de inyectar una enfermedad a un paciente moribundo puede parecer extrema hoy en día, pero en aquella época era el único intento posible. Este coraje salvó a muchas personas hasta que, medio siglo después, se desarrollaron tratamientos más seguros (como la penicilina).
La lección que nos deja es doble:
Lección científica: En situaciones verdaderamente desesperadas, a veces es necesario intentar soluciones que van en contra de la intuición. La idea de "tratar una enfermedad con otra" es un ejemplo de ello.
Lección moral: Un gran científico no es necesariamente una gran persona. Debemos respetar sus logros científicos, pero no debemos suspender nuestro juicio moral sobre su impacto social.
Mientras lees estas palabras, en algún lugar del mundo, pacientes con trastornos mentales estarán recibiendo diversos tratamientos. En la genealogía de esos tratamientos se encuentra un experimento extremo iniciado hace 100 años en un hospital psiquiátrico de Viena.
Resumen del principio de la pireterapia y la transición a la era de la penicilina: Se aprovechó la vulnerabilidad de la bacteria de la sífilis al calor para inducir una fiebre controlada mediante el parásito de la malaria, tratando así la neurosífilis. Se abandonó rápidamente tras la aparición de la penicilina, pero sirvió como el prototipo que demostró que la psiquiatría podía ofrecer tratamientos eficaces.
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