Cuando empiezas a preguntarte si eres demasiado sensible, está bien pensar más allá de la relación
Cuando te ves atrapado en la ansiedad y las divisiones que alguien genera dentro de un grupo, puedes empezar a dudar de ti mismo incluso cuando no has hecho nada malo. Soportar todas las relaciones hasta el final no es lo mismo que ser maduro.

Hay momentos en los que te descubres inusualmente pendiente de las reacciones de una persona en el trabajo, en un laboratorio o dentro de un grupo de larga trayectoria. Algunas personas enfrentan a unos con otros, mientras que otras se turnan para hacer que cada integrante parezca insuficiente. Aunque en apariencia estas conductas pueden parecer simples comentarios o peticiones sin importancia, con el tiempo pueden hacer que todo el grupo se sienta ansioso y desconfíe de los demás.
Quienes quedan atrapados en medio suelen preguntarse: «¿Hice algo malo? ¿Estoy siendo demasiado sensible?». Pero si te convertiste en un objetivo aunque te mantuviste al margen, eso no significa que fuera culpa tuya. Reconocer que pueden aislarte incluso cuando no has hecho nada malo te permite dejar de culparte.
No tienes que seguir intentando explicar la ansiedad
Algunas relaciones mejoran cuando intentas ayudar a la otra persona a entender la situación y a causar una buena impresión. Pero con ciertas personas, hacer que los demás se sientan intimidados y ansiosos puede parecer más importante que resolver el problema. En esos momentos, seguir explicándote e intentar responder de manera perfecta puede dejarte aún más agotado.
Mantén las conversaciones importantes por medios que dejen constancia, como los mensajes de texto o el correo electrónico, y considera la posibilidad de anotar brevemente lo ocurrido. No se trata de una documentación destinada a atacar a nadie. Es un pequeño punto de referencia que te ayudará a no cuestionarte más adelante preguntándote: «¿Me imaginé todo esto?».
No estás solo cuando tienes хотя sea a una persona
Puede haber momentos en los que no puedas dejar de inmediato ese lugar de trabajo o grupo. Si es así, en vez de intentar ganarte la aprobación de todos, basta con empezar por encontrar a una persona que comprenda lo que está ocurriendo. Aunque no luche activamente en tu defensa, contar con alguien que reconozca que «algo de eso no estuvo bien» puede ayudarte a confirmar que no estás percibiendo la realidad de forma equivocada.
Por el contrario, en un ambiente en el que alguien está siendo apartado injustamente, tú puedes convertirte en esa persona para él o ella. No tiene que ser un gran acto de solidaridad. Puedes empezar preguntándole discretamente cómo está, recordando los hechos tal como ocurrieron y ofreciéndole tu compañía para que no tenga que soportarlo todo a solas.
Alejarte también puede ser una forma de cuidarte dentro de una relación
Soportar todas las relaciones hasta el final no es necesariamente una actitud madura. Si una relación divide repetidamente a las personas, se aprovecha de la ansiedad y te hace sentir pequeño una y otra vez, elegir apartarte de ella también puede ser una manera de proteger tu vida. Cuando no puedes marcharte, basta con empezar ajustando la distancia, limitando lo que compartes y creando un registro y una red de apoyo.
No tienes que llegar a una conclusión ahora mismo. Hoy, intenta escribir en una sola frase lo que viviste y compartir únicamente los hechos con una persona de confianza. A veces, una decisión tan pequeña basta para recuperar la sensación de que «quizá el extraño no soy yo». No tienes que hacerte responsable de todo el ambiente.