- El trastorno de la articulación temporomandibular (TMD) es un grupo de afecciones que abarca más de 30 condiciones que afectan las articulaciones temporomandibulares bilaterales, que conectan la mandíbula con el cráneo, los músculos masticatorios o las cefaleas relacionadas con el TMD.
- Aunque una lesión en la mandíbula o la articulación puede ser la causa, en muchos casos el origen inicial no está claro y pueden estar relacionados factores genéticos, estrés psicológico y de estilo de vida, así como la percepción del dolor.
- Se comprende que los síntomas aparecen cuando el dolor, la tensión o las alteraciones motoras de los músculos masticatorios y la estructura articular afectan el movimiento de la mandíbula y las señales de dolor.
- Las manifestaciones típicas incluyen dolor en los músculos masticatorios o en la articulación temporomandibular, rigidez mandibular, limitación o bloqueo de la apertura bucal, dificultad para masticar y dolor que se irradia hacia la cara o el cuello.
- Puede ocurrir en cualquier persona, pero es más común en mujeres, reportándose con mayor frecuencia en mujeres de 35 a 44 años; puede haber variaciones individuales según la genética, el estrés y la percepción del dolor.
- Muchos síntomas del TMD mejoran temporalmente, pero algunos pueden persistir durante mucho tiempo, y pueden acompañarse de chasquidos dolorosos, acúfenos (tinnitus), mareos, disminución de la audición o cambios en la oclusión.
- El diagnóstico utiliza la anamnesis, que pregunta por la ubicación, el momento, los factores desencadenantes y el dolor concomitante de los síntomas, el examen de la cabeza, el cuello, la cara y la mandíbula, y, según sea necesario, radiografías, resonancia magnética (RM) y tomografía computarizada (TC).
- No existe una única prueba estándar para confirmar el TMD, y otras afecciones pueden presentar síntomas similares. Los chasquidos o sonidos de salto en la mandíbula sin dolor no significan necesariamente TMD.
- El manejo generalmente comienza con el autocuidado, como una dieta blanda, compresas frías y calientes, ejercicios mandibulares suaves y la reducción del apretamiento mandibular y de la masticación de chicle; si es necesario, se considera la fisioterapia y enfoques de salud conductual y mental.
- En algunos pacientes se pueden utilizar medicamentos o dispositivos intraorales, pero no hay mucha evidencia de que los dispositivos mejoren el dolor, y se requiere precaución con los dispositivos que alteran la oclusión de forma permanente. La cirugía se considera cuidadosamente en casos de síntomas graves.