- La sífilis es una infección de transmisión sexual causada por la bacteria Treponema pallidum, que puede afectar los genitales, el ano y la zona peribucal, entre otras áreas.
- Se transmite principalmente mediante el contacto sexual con personas infectadas y puede transmitirse al feto durante el embarazo.
- La infección puede comenzar con lesiones locales, pero propagarse por todo el cuerpo a través del torrente sanguíneo y los tejidos, afectando a varios órganos.
- En la etapa inicial, lo más característico son úlceras pequeñas e indoloras; posteriormente, pueden aparecer erupciones cutáneas no pruriginosas que incluyen las palmas de las manos y las plantas de los pies.
- El riesgo de exposición y la importancia clínica varían según el tipo y la frecuencia del contacto sexual, el estado de la pareja sexual y la presencia de embarazo.
- Los síntomas pueden pasar desapercibidos durante varios años; los síntomas presentes pueden desaparecer y reaparecer, y si no se trata, en raras ocasiones puede derivar en complicaciones graves o la muerte.
- El diagnóstico se basa en la historia clínica y el examen físico, centrándose en las pruebas séricas; si hay lesiones o síntomas neurológicos u oculares, se deben considerar pruebas adicionales.
- Los resultados de las pruebas deben interpretarse junto con el momento de la infección, los antecedentes de tratamiento previo y el tipo de prueba; es difícil determinar el estado de infección actual basándose únicamente en un único resultado positivo o negativo.
- El manejo se realiza tras evaluar la etapa de la infección y la afectación de órganos, coordinando el tratamiento con antibióticos, la evaluación y notificación de la pareja, la prevención de la reinfección y la observación del riesgo fetal durante el embarazo.
- La sífilis puede tratarse con antibióticos si se detecta precozmente, pero el daño orgánico ya ocurrido no siempre es reversible.