- Los trastornos del sueño-vigilia son una categoría de trastornos en la que la cantidad, calidad, momento u horario del sueño, o el comportamiento durante el sueño, se desvían de un patrón normal y pueden afectar las funciones diarias.
- Los factores relacionados pueden incluir otras enfermedades físicas, dolor, estado de salud mental, medicamentos, factores genéticos, cafeína, alcohol e irregularidades en los horarios, y en algunos casos la causa puede ser desconocida.
- El sueño es un proceso de repetición de las etapas de sueño no REM y sueño REM; si el sueño se interrumpe con frecuencia, puede haber una deficiencia de etapas específicas del sueño, lo que puede afectar la recuperación, el aprendizaje, la memoria y la función diurna.
- Las manifestaciones típicas incluyen insomnio (dificultad para conciliar el sueño o despertares frecuentes), anomalías respiratorias durante el sueño, síndrome de piernas inquietas, somnolencia diurna excesiva, problemas del ritmo circadiano y parasomnias.
- El riesgo individual y las manifestaciones pueden variar según la edad, el estado de salud, los horarios de vida, el trabajo por turnos o el desfase horario, las enfermedades coexistentes y el uso de medicamentos o sustancias.
- Los síntomas varían según el tipo de trastorno y pueden incluir retraso persistente en la conciliación del sueño, despertares nocturnos, despertar precoz, somnolencia durante el día, ronquidos o jadeos, así como incomodidad en las extremidades o movimientos durante el sueño.
- El diagnóstico se basa en la historia clínica y la historia del sueño, junto con el examen físico; según sea necesario, se realizan polisomnografías nocturnas o evaluaciones de somnolencia y vigilia diurnas.
- Es difícil determinar un trastorno específico basándose únicamente en los síntomas del sueño; es necesario interpretar conjuntamente la influencia de la privación de sueño, fármacos o sustancias, depresión, ansiedad, dolor y otras enfermedades.
- El manejo se realiza ajustando los hábitos de sueño y el ritmo circadiano según el tipo y la causa del trastorno, evaluando las comorbilidades y el uso de sustancias, y, si es necesario, combinando la terapia conductual con tratamientos con dispositivos o farmacológicos.
- El tratamiento no sigue un método único estándar, sino que varía según la causa y el tipo; para la apnea del sueño puede utilizarse presión positiva continua en las vías aéreas (CPAP), para algunos trastornos circadianos la fototerapia, y para el insomnio la terapia cognitivo-conductual, entre otros.