- El síndrome de Sjögren es una enfermedad autoinmune sistémica crónica en la que el sistema inmunitario afecta principalmente a las glándulas lagrimales y salivales.
- La inflamación linfocítica y la interacción epitelio-sistema inmunitario participan en la disminución de la función glandular y en los síntomas sistémicos.
- La sequedad ocular y bucal son representativas, pero también pueden presentarse fatiga, dolor articular y afectación de los pulmones, riñones y el sistema nervioso.
- El tipo y la gravedad de los síntomas, así como la afectación de los órganos, varían significativamente entre personas, por lo que es difícil describirlo con un único patrón típico.
- No existe una prueba única para confirmar el síndrome de Sjögren; se integran la historia clínica, el examen físico, pruebas objetivas de sequedad, análisis de sangre y, si es necesario, la evaluación de las glándulas salivales.
- Autoanticuerpos como anti-Ro/SSA pueden respaldar el diagnóstico, pero los resultados de los anticuerpos por sí solos no determinan la presencia o la gravedad de la enfermedad.
- El manejo combina enfoques locales para reducir los síntomas de sequedad ocular y bucal, cuidados preventivos dentales y oftalmológicos, y tratamientos adaptados a la afectación sistémica.
- El tratamiento inmunomodulador sistémico se decide de forma individual, considerando los órganos afectados, la gravedad, las comorbilidades y los riesgos farmacológicos.
- El síndrome de Sjögren se asocia con un aumento del riesgo de linfoma, pero esta asociación por sí sola no permite predecir si un individuo desarrollará la enfermedad.
- En el seguimiento a largo plazo, se evalúan no solo los síntomas de sequedad, sino también los cambios en los órganos sistémicos, los efectos secundarios del tratamiento y la calidad de vida.