- La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad inflamatoria autoinmune que causa dolor, hinchazón y rigidez en las articulaciones, y es una entidad distinta de la osteoartritis.
- Aunque no se conoce la causa exacta, la predisposición genética, factores ambientales como el tabaquismo, las hormonas y algunas enfermedades concomitantes pueden influir en el riesgo de desarrollo.
- Una anomalía del sistema inmunitario ataca los tejidos que rodean las articulaciones provocando inflamación, la cual puede afectar también a varios órganos extrarticulares.
- Típicamente, se presentan dolor bilateral, sensibilidad a la presión, calor local, hinchazón y limitación del movimiento en articulaciones como los dedos y las muñecas, pudiendo acompañarse de fatiga, fiebre y pérdida del apetito.
- El riesgo puede aumentar con la edad, en el caso de las mujeres, ante antecedentes familiares, por tabaquismo prolongado o si existen obesidad, enfermedad periodontal o enfermedad pulmonar, pero la evolución varía según cada individuo.
- Los síntomas pueden empeorar por la mañana o tras periodos de inactividad, pueden ser transitorios o presentar exacerbaciones y remisiones, y en algunos casos se produce una disminución crónica de la función articular.
- El diagnóstico se basa en la historia clínica y los antecedentes familiares, junto con el examen de las articulaciones y el cuerpo entero, integrando análisis de sangre y pruebas de imagen como radiografías y ecografías para excluir otras enfermedades; si es necesario, un reumatólogo realizará la evaluación.
- No existe una prueba única que confirme por sí sola la artritis reumatoide; en las etapas iniciales los síntomas pueden ser mínimos, lo que dificulta el diagnóstico, por lo que no se deben interpretar los resultados de una sola prueba de forma aislada.
- El manejo tiene como objetivo reducir el dolor y la inflamación, retrasar el daño articular y preservar la función, considerando conjuntamente la farmacoterapia, los ajustes en el estilo de vida y las cirugías necesarias.
- Actualmente no existe una cura definitiva, pero el tratamiento temprano puede ayudar a reducir el empeoramiento de los síntomas y el daño articular; la combinación terapéutica varía según los síntomas y la evolución de la enfermedad.