- La hipertensión pulmonar es un grupo de enfermedades caracterizado por una presión arterial en las arterias pulmonares más alta de lo normal, e incluye la hipertensión arterial pulmonar (PAH), entre otras.
- Puede estar relacionada con enfermedades cardíacas, enfermedades pulmonares, apnea del sueño, tromboembolismo, enfermedades del tejido conectivo, algunas enfermedades hepáticas y hematológicas, así como la exposición a ciertos fármacos o sustancias; en algunos casos, la causa es desconocida.
- Cuando las arterias pulmonares se dañan, estrechan u obstruyen, aumenta la resistencia al flujo sanguíneo y la presión en las arterias pulmonares, dificultando que el corazón envíe sangre a los pulmones.
- Los síntomas característicos incluyen disnea durante el ejercicio o persistente, dolor o sensación de opresión torácica, fatiga, mareos o síncope, palpitaciones y edema en las piernas, los pies o el abdomen.
- El riesgo puede variar según la edad, el sexo femenino, los antecedentes familiares o factores genéticos, el tabaquismo y el uso de drogas ilícitas, la exposición a ciertas infecciones o al medio ambiente, y las enfermedades cardíacas o pulmonares relacionadas.
- Los síntomas pueden ser similares a los de otras enfermedades, lo que puede retrasar el diagnóstico; si la progresión empeora, pueden producirse arritmias, trombos, hemorragia pulmonar, insuficiencia cardíaca, daño hepático y complicaciones del embarazo.
- El diagnóstico se basa en la historia clínica, la confirmación de los síntomas, el examen físico y la evaluación de la saturación de oxígeno, integrando pruebas de imagen cardíaca y pulmonar, electrocardiogramas y análisis de sangre.
- La hipertensión pulmonar no puede confirmarse únicamente por los síntomas; los resultados de las pruebas deben interpretarse considerando conjuntamente la enfermedad subyacente y la función cardíaca y pulmonar.
- El manejo se realiza combinando ajustes en el estilo de vida, actividad física, rehabilitación pulmonar, medicación, oxigenoterapia y procedimientos necesarios, adaptados a la causa de la hipertensión pulmonar y al estado individual.
- El tratamiento actual se centra generalmente en reducir los síntomas y la carga, así como en controlar el estado, más que en la curación, y las opciones varían según la causa y la gravedad.