- La neumonía es una enfermedad respiratoria que consiste en una infección en uno o ambos pulmones, donde los alvéolos pueden llenarse de líquido o pus.
- Las causas pueden ser bacterias, virus u hongos, siendo la neumonía bacteriana la más común.
- Cuando la infección provoca la acumulación de líquido inflamatorio o pus en los alvéolos, el intercambio de oxígeno y la respiración pueden verse dificultados.
- Los síntomas representativos incluyen fiebre, escalofríos, tos con esputo, dificultad para respirar y dolor torácico al respirar o toser; también pueden acompañarse de náuseas, vómitos o diarrea.
- El riesgo puede ser mayor en lactantes, ancianos, personas con tabaquismo, consumo excesivo de alcohol o desnutrición, personas con enfermedades pulmonares o inmunodeprimidas, y pacientes hospitalizados o en unidades de cuidados intensivos.
- El curso de la enfermedad varía desde casos leves hasta graves, dependiendo del agente causal y la edad o estado de salud de la persona, y la recuperación puede tardar varias semanas o más.
- El diagnóstico se basa en los síntomas, la historia clínica, la exploración física y la auscultación, y utiliza, según sea necesario, radiografías de tórax, análisis de sangre, cultivos, tomografía computarizada (TC) y medición de la saturación de oxígeno.
- El diagnóstico puede retrasarse debido a la superposición de síntomas con el resfriado común o la gripe, y la selección e interpretación de las pruebas varían según la gravedad, la edad, las enfermedades subyacentes y la necesidad de hospitalización.
- El manejo se realiza identificando la causa y la gravedad, evaluando el estado respiratorio y el riesgo de complicaciones, y ajustando el tratamiento antiinfeccioso junto con la terapia de soporte necesaria.
- Los antibióticos se utilizan para la neumonía bacteriana, algunos antivirales para la neumonía viral y los antifúngicos para la neumonía fúngica específica; en casos graves, puede ser necesaria la hospitalización y la oxigenoterapia.