- Las enfermedades del sistema nervioso periférico son un grupo de trastornos en los que los nervios periféricos, fuera del cerebro y la médula espinal, presentan daños o disfunciones, e incluyen varios tipos.
- La diabetes, los traumatismos, las infecciones, las enfermedades autoinmunes, las enfermedades renales y hepáticas, ciertos fármacos o sustancias tóxicas, el desequilibrio nutricional y los factores genéticos pueden ser causas o factores relacionados, aunque en ocasiones no se logra identificar la causa.
- Los nervios periféricos dañados pueden no transmitir adecuadamente o interrumpir la transmisión de señales motoras, sensoriales y autonómicas entre el cerebro y el cuerpo.
- Las manifestaciones representativas incluyen hormigueo, dolor y disminución de la sensibilidad en manos y pies, debilidad muscular y problemas de marcha o equilibrio; según el caso, pueden presentarse alteraciones en la sudoración, la digestión, la micción y la regulación de la frecuencia cardíaca.
- El riesgo y el pronóstico varían según la enfermedad subyacente, el tipo y la ubicación de los nervios afectados, el grado de daño, los antecedentes genéticos y factores personales como la exposición a toxinas, el consumo de alcohol o el tabaquismo.
- Los síntomas pueden ser leves o graves, y pueden progresar rápidamente en cuestión de días o lentamente durante meses o años; en algunas causas, pueden mejorar tras el tratamiento de la enfermedad subyacente.
- El diagnóstico se basa en la historia clínica, los antecedentes familiares y el examen neurológico, y, según sea necesario, utiliza análisis de sangre, pruebas genéticas, estudios de función nerviosa y muscular, pruebas del sistema nervioso autónomo, biopsias o tomografía computarizada (TC) / resonancia magnética (RM).
- Los resultados de las pruebas deben interpretarse junto con los síntomas, los hallazgos del examen físico, los medicamentos administrados y las enfermedades concomitantes; es difícil confirmar la causa o el subtipo mediante una sola prueba.
- El manejo se orienta a controlar la causa que provoca el daño nervioso, aliviar el dolor y la disminución de la función, y prevenir caídas, lesiones por presión u otros daños adicionales.
- El tratamiento varía según la causa y la gravedad, y se presentan como opciones el uso de órtesis, agentes tópicos, medicamentos recetados, manejo del dolor no farmacológico y cirugía para reducir la compresión nerviosa.