- El trastorno de pánico es un tipo de trastorno de ansiedad, caracterizado por la aparición de ataques de pánico recurrentes incluso en situaciones donde no existe un peligro real evidente.
- Aunque la causa exacta no se ha determinado, pueden estar relacionados la predisposición genética, los factores biológicos y químicos cerebrales, el entorno y el estrés intenso.
- En el trastorno de pánico, la ansiedad anticipatoria ante la posibilidad de que ocurra otro ataque tras un ataque de pánico repentino y la evitación de situaciones pueden reforzarse mutuamente.
- Las manifestaciones típicas incluyen miedo repentino e intenso o pérdida de control, junto con palpitaciones, sudoración, temblores, dificultad para respirar, dolor torácico, mareos y náuseas.
- Los antecedentes familiares, el sexo femenino, el inicio en la adolescencia tardía o la adultez temprana, el estrés intenso y, especialmente, la experiencia de traumas en la infancia pueden estar relacionados con un aumento del riesgo, aunque existen grandes diferencias individuales.
- Los ataques de pánico pueden ocurrir en cualquier momento sin previo aviso y pueden durar desde unos minutos hasta más de una hora; algunos mejoran tras uno o dos ataques, pero en otros, los ataques recurrentes y la evitación persisten.
- El diagnóstico se realiza tras verificar la historia clínica y los síntomas, examinar causas físicas o relacionadas con fármacos/sustancias y, si es necesario, integrar el examen físico, análisis de sangre, evaluación cardíaca y evaluación psicológica.
- Dado que el dolor torácico, la dificultad respiratoria y las palpitaciones del ataque de pánico pueden superponerse con otras enfermedades físicas, no se debe diagnosticar el trastorno de pánico basándose únicamente en los síntomas.
- El manejo se enfoca en reducir los síntomas y la evitación, así como en recuperar la funcionalidad diaria, pudiendo combinar psicoterapia, tratamiento farmacológico, ajustes en el estilo de vida y sistemas de apoyo según sea necesario.
- El tratamiento actual puede incluir psicoterapia, incluyendo la terapia cognitivo-conductual, y antidepresivos o ansiolíticos; la elección se decide considerando los síntomas y riesgos individuales.