- La dependencia a la heroína es un trastorno por uso crónico que consiste en el uso repetido de heroína, un opioide ilegal derivado de la morfina, persistiendo a pesar de las consecuencias nocivas.
- La heroína presenta un alto riesgo de dependencia debido a su vía de administración, que alcanza el cerebro rápidamente, y a su fuerte efecto de recompensa; además, la combinación con contaminantes u otras sustancias o alcohol puede aumentar el riesgo de sobredosis.
- El uso repetido puede provocar adaptaciones en el circuito de recompensa y en los sistemas de estrés y control de impulsos, lo que puede promover la tolerancia, el deseo intenso (craving), la pérdida de control y el síndrome de abstinencia.
- Típicamente, tras una fuerte sensación de placer o 'rush', pueden aparecer somnolencia, depresión respiratoria, sequedad bucal, enrojecimiento de la piel, prurito, náuseas y vómitos.
- El riesgo individual varía según la vía de administración, la cantidad y frecuencia de uso, los cambios en la tolerancia, el estado concomitante de salud mental, el uso de otras sustancias depresoras del sistema nervioso central y la exposición a infecciones relacionadas con la inyección.
- El uso prolongado puede generar tolerancia, dependencia física y abstinencia; al interrumpir el uso, pueden aparecer inquietud, dolor muscular y óseo, diarrea, vómitos, escalofríos y piloerección; los usuarios de inyección también presentan riesgo de VIH, hepatitis e infecciones cutáneas, del torrente sanguíneo, cardíacas y abscesos.
- El diagnóstico se establece mediante una combinación de entrevistas clínicas y evaluaciones de salud física y mental, que incluyen patrones de uso, dificultad para controlar el uso, ansiedad (craving), deterioro funcional, uso peligroso y síntomas de abstinencia o tolerancia.
- No se puede diagnosticar un trastorno por uso basándose únicamente en la dependencia física o los síntomas de abstinencia, y los resultados de las pruebas de toxicología solo reflejan complementariamente la exposición reciente, sin determinar por sí solos la gravedad del trastorno o si se ha producido la recuperación.
- El manejo incluye la prevención de sobredosis y la respuesta a emergencias, el tratamiento de la abstinencia, la ansiedad (craving) y el trastorno por uso, así como la evaluación integral y el apoyo para problemas de infecciones, salud mental y sociales.
- La dirección principal del tratamiento actual es combinar el tratamiento farmacológico, que aborda la abstinencia y los efectos de los opioides, con la terapia conductual adaptada a la situación del paciente; la combinación de farmacoterapia y terapia conductual puede ser beneficiosa.