- La infección por el virus de la hepatitis C (VHC) causa inflamación en el hígado y es una enfermedad infecciosa que puede presentarse de forma aguda o crónica.
- La principal vía de transmisión es el contacto con la sangre de una persona infectada, lo que puede estar relacionado con jeringas contaminadas, instrumentos de tatuaje o artículos personales, el parto y ciertos contactos sexuales.
- La inflamación hepática causada por la infección por VHC puede dañar el tejido hepático y, si la infección persiste, puede derivar en fibrosis y cirrosis.
- Muchas personas no presentan síntomas, pero durante la fase aguda pueden aparecer fatiga, fiebre, náuseas, dolor abdominal, dolor articular, orina oscura e ictericia.
- El uso de drogas inyectables, transfusiones o trasplantes de órganos en el pasado, la diálisis, la exposición a sangre en entornos médicos, la infección por VIH y el nacimiento de una madre infectada pueden aumentar el riesgo, y la evolución varía según cada individuo.
- La infección aguda puede durar hasta 6 meses y resolverse espontáneamente, pero en muchos casos se vuelve crónica y las complicaciones pueden manifestarse décadas después.
- El diagnóstico se basa en la confirmación de la exposición y los antecedentes médicos, el examen físico y las pruebas de sangre; si es necesario, también se realizan pruebas adicionales para evaluar el daño hepático.
- Dado que a menudo no hay síntomas, la infección no puede descartarse solo por la presencia o ausencia de los mismos, y los resultados de las pruebas deben interpretarse considerando tanto el momento de la infección como el grado de daño hepático.
- La clave del manejo es la detección temprana y el tratamiento antiviral para reducir las complicaciones, así como la evaluación y el manejo adecuados de problemas concomitantes, como la cirrosis o el cáncer de hígado.
- El tratamiento actual se centra en los antivirales y se indica que, en la mayoría de los casos, la infección puede tratarse.