- La insuficiencia cardíaca es una afección en la que el corazón no puede bombear suficiente sangre rica en oxígeno para satisfacer las necesidades del cuerpo, y no significa que el corazón se haya detenido.
- La enfermedad arterial coronaria, el infarto de miocardio, la hipertensión, las arritmias, la miocardiopatía, las enfermedades valvulares y las cardiopatías congénitas pueden ser causas de insuficiencia cardíaca.
- Cuando disminuye la función de bombeo o la función de relajación y llenado del corazón, el flujo sanguíneo hacia los órganos se reduce y la sangre y los líquidos corporales se estancan, provocando síntomas.
- Las manifestaciones típicas incluyen disnea durante la actividad, fatiga y debilidad, tos, edema en los tobillos, piernas y abdomen, así como aumento de peso.
- La edad avanzada, los antecedentes familiares y los factores genéticos, el tabaquismo, el consumo de alcohol, la falta de ejercicio, la obesidad, la diabetes, las enfermedades renales y la apnea del sueño pueden influir en el riesgo y en las diferencias individuales en el pronóstico.
- Al principio, los síntomas pueden ser inexistentes o leves, pero generalmente, a medida que progresa, pueden intensificarse la disnea, la dificultad para permanecer acostado, la pérdida de apetito y el edema, pudiendo también empeorar de forma repentina.
- El diagnóstico se realiza integrando la evaluación de síntomas, antecedentes médicos y familiares, examen físico, exploración cardíaca y análisis de sangre, pudiendo incluir la prueba de BNP.
- La interpretación del diagnóstico y la gravedad debe considerar conjuntamente la afectación ventricular izquierda y derecha, la causa, el estado funcional y los resultados de las pruebas; no se confirma únicamente mediante un solo síntoma o prueba.
- El manejo consiste en abordar las causas y los factores de exacerbación, aplicar la medicación prescrita y las modificaciones del estilo de vida, observar los cambios en los síntomas y, si es necesario, derivar a atención especializada cardíaca y rehabilitación.
- Generalmente no existe un tratamiento único que garantice la curación de la insuficiencia cardíaca; sin embargo, el tratamiento puede ayudar a reducir los síntomas y prolongar la supervivencia, requiriendo con frecuencia un manejo a largo plazo.