- Las úlceras por presión (úlceras por compresión) son lesiones locales en las que la piel y los tejidos subyacentes se dañan al mantener una misma postura durante mucho tiempo, y suelen aparecer en zonas donde el hueso está cerca de la piel.
- El principal factor relacionado es la presión continua o repetitiva, y la fricción, las fuerzas de cizallamiento, la humedad y la limitación del movimiento pueden agravar el daño.
- La presión reduce el flujo sanguíneo y el suministro de oxígeno a los tejidos, y si la presión persiste, puede derivar en daño isquémico de la piel y de los tejidos más profundos.
- Las zonas de aparición típicas incluyen los tobillos, la espalda, los codos, los talones y las nalgas, y pueden manifestarse como decoloración de la piel, dolor, sensación de calor, edema o pérdida de integridad cutánea.
- La estancia prolongada en cama, el uso de silla de ruedas y la dificultad para cambiar de posición por sí mismo aumentan el riesgo, y existen grandes diferencias individuales según la nutrición, la sensibilidad, la circulación sanguínea y las comorbilidades.
- En las etapas iniciales, la piel puede presentar enrojecimiento persistente o decoloración, así como dolor a la presión; a medida que progresa, pueden aparecer ampollas, heridas abiertas y daño en los tejidos profundos, lo que puede retrasar la recuperación.
- El diagnóstico se centra en una evaluación clínica que integra la ubicación de la lesión, el estado de la piel y los tejidos, la exposición a la presión, la capacidad de movimiento y el estado general.
- Es difícil determinar la profundidad o la presencia de infección basándose únicamente en el color de la piel; la evaluación del estadio y la gravedad puede requerir observación repetida y el juicio clínico de un especialista en heridas.
- La base del cuidado consiste en cambios de posición y el uso de dispositivos de soporte para reducir la presión, mantener la piel limpia y seca, y la evaluación continua del estado de la herida y de los factores de riesgo sistémicos.
- El tratamiento se basa en el alivio de la presión y la limpieza y protección de la herida; según la profundidad de la lesión y la presencia de infección o necrosis, se considera el uso de apósitos, el desbridamiento del tejido necrótico, el soporte nutricional o el tratamiento quirúrgico.