- La miocardiopatía es un grupo de enfermedades caracterizado por anomalías en la estructura o función del músculo cardíaco, lo que puede provocar que este se agrande, engrose o vuelva rígido.
- Pueden estar relacionadas la hipertensión, las infecciones y otras enfermedades cardíacas o sistémicas; algunos tipos son hereditarios y en otros casos no se logra identificar la causa.
- Si el grosor, la elasticidad, la función de contracción o relajación del músculo cardíaco se alteran, la capacidad del corazón para recibir o bombear sangre puede disminuir.
- Las manifestaciones clínicas típicas son insuficiencia cardíaca, ritmo cardíaco anormal y problemas de las válvulas cardíacas; en casos graves pueden asociarse con paro cardíaco.
- El riesgo y el pronóstico varían según el tipo de miocardiopatía, la causa, los antecedentes familiares, las enfermedades concomitantes, la edad y la función cardíaca.
- Aunque algunas personas son asintomáticas, pueden presentarse disnea, fatiga, disminución de la capacidad de ejercicio, edema, palpitaciones, dolor torácico o síncope, y el pronóstico varía según cada individuo.
- El diagnóstico se basa en la historia clínica, los antecedentes familiares y la exploración física, integrando el electrocardiograma, el ecocardiograma, las pruebas de imagen y las pruebas sanguíneas y genéticas necesarias.
- No se puede determinar de forma definitiva el tipo, la causa o el riesgo futuro basándose únicamente en un resultado de prueba; por ello, son fundamentales el diagnóstico diferencial con otras enfermedades cardíacas y el contexto clínico.
- El manejo se realiza combinando medicación, procedimientos, cirugía y ajustes en el estilo de vida, mientras se evalúan la función cardíaca, los síntomas, las arritmias y el riesgo de complicaciones.
- El tratamiento varía según la causa y el tipo; el objetivo actual es reducir los síntomas y el riesgo de complicaciones, así como gestionar la función cardíaca y la calidad de vida.