- El paro cardíaco es un estado de emergencia en el que el corazón deja de expulsar adecuadamente la sangre, interrumpiendo el flujo sanguíneo hacia el cerebro y los órganos principales.
- Entre los factores relacionados se encuentran las enfermedades coronarias, las anomalías estructurales del corazón, las enfermedades arrítmicas hereditarias, las alteraciones graves de los electrolitos, las hemorragias masivas y la hipoxia grave.
- Las alteraciones en el control eléctrico del corazón provocan arritmias peligrosas que impiden una adecuada expulsión de sangre; la fibrilación ventricular es una arritmia representativa que puede causar un paro cardíaco.
- El signo clínico principal es la pérdida repentina de la conciencia, y algunas personas pueden sentir palpitaciones o mareos justo antes de que ocurra.
- El riesgo puede variar según la edad, la enfermedad arterial coronaria, la insuficiencia cardíaca, la hipertensión, la diabetes, la enfermedad renal crónica, los antecedentes personales o familiares de arritmia o paro cardíaco, los problemas con medicamentos o alcohol, entre otros factores.
- El paro cardíaco suele ocurrir sin previo aviso, pero en algunos casos pueden presentarse dolor torácico, dificultad para respirar, náuseas o vómitos justo antes; si el tratamiento se retrasa, puede ser fatal en poco tiempo.
- El paro cardíaco a menudo se diagnostica tras investigar otras causas de un colapso repentino, en lugar de confirmarse mediante pruebas durante el evento.
- En personas con alto riesgo, pueden realizarse diversas pruebas para evaluar la función cardíaca y el riesgo de arritmia, y los resultados se interpretan considerando conjuntamente la causa y el plan de prevención de recurrencias.
- El marco general del manejo consiste en los primeros auxilios en el lugar, la identificación de la causa y la observación intensiva en el hospital, y el manejo de la enfermedad cardíaca subyacente para reducir el riesgo de recurrencia.
- El paro cardíaco requiere RCP y desfibrilación inmediatas; tras la supervivencia, se pueden considerar medicamentos, procedimientos de restauración del flujo sanguíneo o un desfibrilador implantable, según la causa y el riesgo de recurrencia.