- La susceptibilidad a la bacteriemia es una expresión que se refiere a un estado o predisposición a desarrollar bacteriemia, que es una infección bacteriana en la sangre.
- La disminución de las defensas inmunológicas, las fuentes de infección como la piel, el sistema respiratorio o las vías urinarias, y los procedimientos invasivos o dispositivos intravasculares pueden ser factores relacionados.
- Si el sistema inmunológico no logra eliminar adecuadamente las bacterias después de que estas entran en el torrente sanguíneo, se produce la bacteriemia, lo que puede derivar en una inflamación sistémica.
- Los síntomas representativos son fiebre, escalofríos y malestar general; en casos graves, pueden presentarse hipotensión, alteración del estado de conciencia y disfunción orgánica.
- El riesgo puede aumentar en caso de edad avanzada, lactantes o niños pequeños, enfermedades crónicas, inmunosupresión, cirugía o ingreso hospitalario reciente, o presencia de dispositivos intravasculares, y existe una gran variabilidad individual.
- La evolución varía desde un estado transitorio y relativamente leve hasta un empeoramiento rápido hacia sepsis o choque.
- El diagnóstico se centra en la evaluación del estado clínico del paciente y en el hemocultivo, verificando también el sitio de inicio de la infección y la disfunción orgánica.
- Los resultados del hemocultivo deben interpretarse distinguiendo entre contaminantes cutáneos y bacteriemia real, considerando también si se realizó la extracción de sangre antes de la administración de antibióticos y el contexto clínico general del paciente.
- El manejo se realiza considerando la evaluación de la gravedad, los cultivos necesarios, el tratamiento antimicrobiano adecuado, el control del foco infeccioso y el soporte de la función orgánica.
- El tratamiento se centra en antibióticos adaptados al patógeno causante y a la sensibilidad antimicrobiana; la elección inicial varía según la gravedad y el sitio de la infección, y se ajusta según los resultados de las pruebas.