- La malformación arteriovenosa (MAV) es una estructura vascular en la que las arterias y las venas se conectan y entrelazan de forma anormal sin pasar por los capilares.
- La causa exacta generalmente se desconoce; aunque la mayoría son congénitas, también pueden detectarse después del nacimiento o en una etapa más tardía.
- El flujo sanguíneo rápido que no pasa por los capilares reduce el suministro de oxígeno a los tejidos circundantes y sobrecarga los vasos sanguíneos, lo que puede derivar en daños tisulares o en el riesgo de ruptura vascular.
- Las lesiones pueden aparecer en diversas partes del cuerpo, siendo relativamente comunes en el cerebro y la médula espinal, y los síntomas varían según la ubicación de la lesión y el estado de los vasos sanguíneos.
- Los síntomas y el riesgo de complicaciones pueden variar según la persona, dependiendo de la ubicación y el tamaño de la lesión, el riesgo de hemorragia, la presencia de síntomas y el estado de salud general.
- Es posible que no haya apenas síntomas, pero pueden presentarse cefalea, convulsiones, dolor, problemas visuales, debilidad muscular, dificultad para el movimiento o el habla, mareos, confusión o pérdida de la conciencia; si se rompe un vaso sanguíneo, pueden producirse hemorragia y daño cerebral.
- Durante el proceso de diagnóstico, se verifican los síntomas y los antecedentes médicos, se realiza un examen físico y, según sea necesario, se pueden realizar pruebas de imagen como TC, RM, ecografía o angiografía.
- El hecho de que se observe una malformación vascular en las imágenes no permite determinar por sí solo el riesgo de hemorragia individual o la necesidad de tratamiento; las características anatómicas de la lesión y los síntomas deben interpretarse conjuntamente.
- El manejo se decide mediante una combinación de observación, identificación de señales de alerta, control de síntomas, intervención o evaluación de la posibilidad de cirugía, adaptándose a las características de la lesión y al estado de salud individual.
- La elección del tratamiento se determina considerando de manera integral la ubicación y el tamaño de la lesión, los síntomas, el estado de salud general y el riesgo de hemorragia; la cirugía de lesiones cerebrales o de la médula espinal debe comparar cuidadosamente los beneficios y riesgos previstos.