- La espondilitis anquilosante (ankylosing spondylitis) es un tipo de espondiloartritis que causa inflamación en la columna vertebral y en las articulaciones sacroilíacas.
- Aunque la causa exacta no se ha determinado, se considera que intervienen tanto factores genéticos como ambientales.
- La inflamación mediada por el sistema inmunitario afecta a la columna, las articulaciones de la pelvis y las inserciones de tendones y ligamentos, provocando dolor y rigidez, y en algunos casos, puede producir la fusión ósea.
- Los síntomas representativos incluyen dolor y rigidez en la zona lumbar y la cadera, pero también pueden presentarse síntomas en las articulaciones costales, otras articulaciones, los ojos, la piel o el intestino.
- Por lo general, comienza antes de los 45 años; el riesgo puede ser mayor en hombres, personas con antecedentes familiares o personas con enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa o psoriasis, aunque la progresión varía según cada individuo.
- Los síntomas pueden empeorar durante la noche o después de estar sentado por mucho tiempo, y pueden alternar entre periodos de mejoría y empeoramiento o progresar hacia un dolor continuo; con el tiempo, pueden producirse limitaciones en el movimiento y una postura encorvada.
- El diagnóstico se determina mediante la evaluación integral de los síntomas, la historia clínica y los antecedentes familiares, el examen físico, los análisis de sangre y las pruebas de imagen; no existe una única prueba confirmatoria.
- Dado que es difícil diagnosticar o descartar basándose únicamente en un resultado de prueba, se deben interpretar conjuntamente los hallazgos de imagen, el grado de inflamación, el patrón de los síntomas y otras causas.
- El objetivo del manejo es reducir el dolor y la inflamación, mantener el movimiento y la postura, y retrasar la pérdida de función; se puede utilizar un enfoque multidisciplinario que incluya tratamiento farmacológico, ejercicio y fisioterapia.
- Actualmente no existe una cura definitiva, pero el tratamiento puede ayudar a controlar los síntomas, mantener la función y mitigar la progresión de la enfermedad; en casos graves, se puede considerar la cirugía.