- El trastorno por consumo de alcohol (AUD) es una enfermedad caracterizada por la dificultad para controlar la bebida a pesar del sufrimiento o el daño causados por el consumo, y se presenta en diversos grados, desde leve hasta grave.
- El riesgo de trastorno por consumo de alcohol depende no solo de la cantidad de alcohol consumida, sino también de la frecuencia del consumo y de la rapidez con que se bebe en cada ocasión, y puede aumentar debido al uso indebido repetido de alcohol.
- Las características principales incluyen un intenso anhelo de alcohol, la pérdida de control que dificulta dejar de beber una vez iniciado el consumo, y emociones negativas como ansiedad e inquietud cuando no se está consumiendo alcohol.
- El consumo excesivo de alcohol aumenta el riesgo de enfermedades hepáticas y de algunos tipos de cáncer, puede dañar el cerebro y otros órganos, y también puede elevar el riesgo de muerte relacionada con accidentes, violencia y suicidio.
- El riesgo y el pronóstico pueden variar según la situación individual, incluyendo el patrón de consumo de alcohol, la salud mental, otras enfermedades, el uso de sustancias, el entorno social y los antecedentes familiares.
- Los síntomas pueden incluir beber más o durante más tiempo de lo planeado, intentos fallidos de reducir el consumo, dedicar mucho tiempo al consumo y a la recuperación, deterioro de la función diaria, tolerancia y síntomas de abstinencia.
- El diagnóstico se centra en entrevistas que evalúan el patrón de consumo de alcohol y su impacto en la función diaria durante el último año; si se presentan dos o más problemas relacionados, se puede sospechar un trastorno por consumo de alcohol.
- Dado que las preguntas de detección por sí solas no pueden confirmar la gravedad ni otras causas de los síntomas, se debe evaluar conjuntamente el riesgo de abstinencia, las comorbilidades y el estado de la salud mental.
- El manejo se lleva a cabo mediante la elaboración de un plan de tratamiento individualizado basado en la evaluación del personal médico y, si es necesario, mediante la derivación a tratamiento farmacológico y centros de tratamiento especializados.
- El tratamiento es un proceso a largo plazo que considera conjuntamente la asesoría, la terapia conductual, el apoyo a la recuperación y, si es necesario, el tratamiento farmacológico y el manejo de la abstinencia; un solo método no es adecuado para todas las personas.